27 julio 2014

LA HABITACIÓN DE LOS HALCONES



Un rugido de neón convierte el agua en flanco.
Un aliento de acero entre el vaivén y la antorcha
dejan allí el exhalo, donde un halito mora
con su serpiente roja. El otear de la
imagen mostrándonos el desnudar
de una figura hispánica
con mensajes de instinto y los impulsos
toman forma de casa.

El aposento nos habla con sus habitaciones de halcones.
Un relámpago aquí. Una sombra en el arrecife de
la puerta donde astrofisicas enramadas
escinden en la aurora
cualquier sacrificio tautológico, allá.

El episodio de zinc
recreando la huella sobre
un ghetto de carne entre inspiraciónes de rosaleda
quitándole al hechizo una mirada.

Esos eran los ojos?
Esa la mirada profundizando en los apriorismos?
En la demiurgica sensibilidad del inocente con su tacto
de reptil entregándose al caos?

No, era sólo la respuesta de un dragón arrancándole
al amanecer el más postrero de sus
horrores.

Ese que invisible dejaba al espíritu una caida
de lluvia y fiebre entre los
terciopelos.




Guillermo Isaac Paredes Mattos
D. Reservados - Perú

Serás

                                                                                                       


Serás la memoria
de mis manos
y ese sabor agridulce
desgajándose
en mi boca
o esa gota de mirada
en el vacío
que con su extraña
simetría
atraviesa los confines
de mi sombra.

Serás, si la noche
lo permite,
el ritual de la luz
en las farolas
o la hierba cuando húmeda
se entrega
a la hora en que el rocío
se evapora.




Marcelo Posada - Perú
D. Reservados

17 julio 2014

Poema costumbrista: Hipocresía

                                                                                       
Buen día señora!
Sí, la he saludado…
A pesar de mis pesares
Es la hora de mandados.

Su hiedra ruega por agua
Desnudo sol que calcina
Más allá de la carne,
Secretos que él adivina.

Barre Usted la calzada
Cabizbaja, blanquecina
Ojeras y arrugas veo
Que esconde mi vecina.

Buen día señor Florencio!
Acabo de ver a su reina
No diga que no la conoce...
O acaso en los encuentros
No existen rostros y nombres?

Buen día señor Juez!
Su amada esposa me espera
Dice que no comprende
La panza de la niñera…
Aquí le llevo unas batas
Bordatidas con esmero

Por la manos de mi abuela 
Antes que yo naciera. 

Buen día querida amiga
Acaso vas a la iglesia?
Vaya qué cosa más rara…
Y el pecador, de sentencias.

La puta se ha sorprendido,
Su amante, sin conocerla,
Tu patrón como si nada…
Y un niño que nadie espera.

El Juez, su esposa, mi amiga
Florencio desmemoriado
Trascurre lenta la vida

Sin presente, sin pasado.

Un concierto de chicharras,
Aturde tanta ceguera
Pequeño pueblo de arcilla,
Barro cemento y brea.
Regreso sobre mis pasos

El viento no deja huellas!



Rita Mercedes Chio 
D. Reservados
Argentina

El secreto

                                                                                              

                                                                                                             
En el rincón
de las lágrimas
donde la pena
se esconde,
tengo un secreto
guardado
entre telones
e inútiles rimas;
piel desnuda
mi amor por ti,
amor imposible
licor amargo...






Alicia Gómez
Argentina
D/R de autor


Aguas

                                                                                                       
Aguas...
Que me ahogarían sin titubear,
si no alzo mi rostro,
si no hago acopio en mis pies,
si no floto en mis sueños y alma.
Alzo mis brazos, como si fuese a volar
y permito que el agua, los deje gravitar
Como una chispa de magia,
pájaros en mis manos, se vienen a posar.
No importa si se tornan turbias,
las aguas, que la vida me da....
Eso, no me impide, sus cantos escuchar.
Aguas...





Mary Ramos
D. Reservados
Venezuela

La playa vacía

                                                                                             

Queda la playa vacía
Sin el ruido de sus olas
Cuando el poniente se asoma
Envuelve las caracolas
Entre su murmullo tierno.

Hay una ternura abstracta
En los vórtices que viajan
Se encogen los sentimientos
Para filtrarse en las rocas

Vienen las olas remando
Enredadas en helechos
Entre sus crestas viajeras
Bailan con sus pies descalzos
Una acrobática danza.

Entre penumbras se avista
Una noche perezosa
Que se apodera del puerto.

Este exilio de gaviotas
Que despiden el silencio
Han de alegrar con graznidos
Las horas de soledad
De otras almas en desierto.

Mientras el viajero errante
Juglar de los siete mares
No sabe con quien anclar.

Luz Ramírez

D. Reservados - Colombia

15 julio 2014

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Prosa para Anastasia Romanov - ( Con imágenes en movimiento)



Errante zarina, ojos de humo con destellos de cielo. Malezas aferradas a la oscura falda de terciopelo, con encajes desencajados. Pequeña alondra a la que le han destruido su nido de cristal. 



Pestañitas blancas, labios de mora entumecida. Algunas alhajas en tu bolsillo profundo, entre ellas, las fotos del olvido. Nieve sobre los campos de la Rusia amada, con algunas rosas de sangre floreciendo entre la espesura, donde se hunden tus botines de cabretilla blancos.

Cuanto silencio en el bosque que atraviesas con la boca sellada y una capa desgarrando sus hilos de oro. Seguirán tu perfume de niña, los hambrientos lobos de la revolución Volchevique.

Qué es lo que hay allí más adelante? La vida o la historia? Zarina errante…Aún no han florecido tus pechos de seda, más blancos que la nieve que va cubriendo tu rastro. El leñador que observa tu paso, sonríe y no se apiada. Acaso eres la culpable de los arco iris ausentes? Del poder que pasa de mano en mano como una moneda heredada o de las heladas aguas del Volga? Manitos de estepa abandonada. 


Dónde vas con tu corazoncito desbordado dejando entre el follaje, las perlas de tu gargantilla, como migajas de pan que alimentarán espíritus cobardes, salvajes, sedientos de sangre roja-azul-roja.

Ay pequeña mía! Anímate a bailar conmigo el último vals de la vida…Aún conservo algunas gotitas de tu savia en mi cuerpo. Varios de los míos, llorarán esta tragedia que aún no concibes. Solo corres por los miserables caminos de la muerte.

Plomizo cielo destaca la palidez de un rostro, que se niega a elevar la mirada que ya no puede mirar.

Estás exhausta, sabes que si cierras los ojos, no volverás a ver la luz del amanecer y no escucharás las campanas, no verás florecer tu jardín de verano, no festejarás los abrazos que ya no existen.

Nada puedo hacer…Nada pude hacer…abro un vetusto libro y me sonríes inocente desde una eternidad irremediable. Pequeña Anastasia Romanov, solo te han concedido unas horas más de tormento.



Rita Mercedes Chio
D. Reservados - Argentina