04 junio 2014

Si pudiera


Si pudiera detener el tiempo
En el asomo insipiente de tu sol,
Ardiente flama que consume
Oscuridades impertinentes…
Estrella incrustada en la sal de una lágrima
Abanico sobre la arena
De los desheredados que queman
Una noche de amor
En el vórtice de la vida.

Si pudiera revertir el error de amarte
Con solo quitar la estaca
De tu nombre aferrado
En las olas azules que violentan
Rocas decididas a persistir
En la orilla de mis pensamientos.

Si pudiera, a contra viento
Volaría en palabras, en aromas
En miserias mundanas
Con tal
De alejarme de un dolor
Que se alimenta de mi savia
De mis hojas y de mis ramas.

Labios sellados que versan
Sobre el ajado pergamino
De mi piel, violeta olvidada
Mienten como una barata propaganda
O el orgasmo chillón  que aturde
Los muros mohosos de la madrugada.



Rita Mercedes Chio
Argentina





Mis amores virtuales

Entre el cuerpo y la mente. Pastora regando jardines cibernéticos, flores de acero y lágrimas puestas en palabras. Diminuta ventana abierta al amor, a caricias de letras que caen en cascada sobre mis muslos o anidan el los pliegues de mis senos...
Cachetazo de una hoja en blanco demandando un poco de vida y esperanza.
Alguien canta en mi oído, la melodía de los astros inexplorados…alguien grita su deseo temblando dudas sobre el teclado. Déjame navegar en el espacio de los corazones abandonados, abrigar amores sin destino o besos esparcidos en las calles de lo desconocido. Pastora desnuda que no posee cuerpo. Gesto desbordado intentando llegar a los confines de tu confinado corazón. Nido vacío, plumas que salen en busca de pájaros perdidos.

Pantalla en blanco si no te encuentro. Vertiente que deja de ser y emana aromas de rosas moribundas. En cada estrella, deditos trasnochados colgando mensajes de texto que alguien recogerá, algún día, en algún momento. Mercado de emociones, compra y venta de fantasías eróticas y místicas. Invisible red que atrapa la muerte negada y promesas que no nacerán. Un mensaje privado que agita mi pecho y dos lirios con brillos, en un extremo de la cordura.

Pastora cibernética. Rebaño de sueños descarriados. Cuerpo que sostiene un alma galáctica, para que la sangre de mi río no deje de ser poema, tenue roce de corazones desconocidos. Me desvistes y no lo sabes…me abrigas y lo ignoras. En el espacio infinito que nos circunda, se cruzan y enamoran una y mil veces, las letras que aprendieron a reconocerse libres y sin dueño.

Orgasmos cósmicos… Cestillo de cristal para cosechar los sueños extraviados. El arte de buscar una ruta hacia ti…existes? existo?

Rita Mercedes Chio Isoird

Una tarde que llovía

Una tarde que llovía

Qué traía
Un amor que se caía
Y en cada gota se oía
La cercanía
De la dolorosa agonía
Una alegría
Desmembrada moría
No había
Más que gris letanía
Sombría
La triste melancolía
Gemía
De pronto la lejanía
Llegaría

El fin de la armonía
Amanecía.

¡Al alba vino el adiós!


Gustavo. Desde Villa Montes-Bolivia.
Junio 3, 2014. D//RESERVADOS

CARTA DEL MÁS ALLÁ

Con la ilusión que sea la última de sus mudanzas, introdujo la llave en la dorada cerradura, reluciente y dócil como recién instalada. Bisbiseo la puerta en el breve trayecto de la bienvenida, cuando Susan y el sol, entraron juntos a la nueva casa, sin cortinas, recientemente empapelada, emanando el clásico aroma de la cera todavía sin absorber.
Solo un cuarto estaba en orden, listo para ser usado, refugio y descanso de próximos días de trabajo, decoración, felices ideas para estrenar sin más que sus propias convicciones y buen gusto.
La dichosa propietaria, puso a prueba las escaleras de madera, los cerrojos de cada puerta, las perillas de luz y cada uno de los grifos. Todo estaba perfecto, tan perfecto que brindó a solas, con una lata de cerveza y fumó serena mirando por la ventana, su nuevo barrio saturado de acacias en flor, en las afueras de la gran ciudad.
Al día siguiente, despertó muy temprano ansiosa por ordenar las cajas, hacer llamadas telefónicas, encargar la blanca tela para los ventanales de dos hojas y finos vidrios esmerilados. “Mucho por hacer” pensó, mientras por debajo de la puerta frontal, un sobre amarillento, se deslizó mudo hasta sus pies. Lo tomó en sus manos y al instante corrió al porche para encontrar al carteo. Ya no había nadie.
Srta. Alice B Morgan – Su correcta dirección y un extraño sello vietnamita fechado en
1974. Remitente: George Richard Smith, 7º Regimiento de Caballería de los Estados Unidos de Norte América.
Perpleja corrió en busca de la flamante escritura que aun yacía sobre un espacio limitado de la chimenea. No se trataba de la anterior dueña de la casa, al menos ese apellido no figuraba en las actas de compra venta.

Se abrigó, caminó hasta la oficina postal más cercana e intentó encontrar una respuesta. La sonrisa del empleado del correo le dio ánimo para enfrentar tan misteriosa situación.
-Vea señorita…estas cartas hace más de 20 años que llegan a su nuevo domicilio, pero es la primera vez que alguien viene a devolverlas.
- No… - Respondió Susan – No vengo a devolverla. Sólo quiero saber si han conocido a la señorita Alice Morgan o donde puedo saber de ella.
- Es extraño…- Afirmó el señor mayor desde su minúscula ventanilla – Aquí es toda una leyenda, el tema de esas cartas. Debieron avisarle al menos…Nosotros no podemos hacer otra cosa que entregarlas. Nunca conocimos a la tal Alice. De todos modos, esta sucursal, es relativamente nueva para el caso…Puede Ud averiguar con los ancianos del barrio, correrá con más suerte. Lo siento.
Susan dejó pasar varios días, aprovechando al máximo sus vacaciones para terminar los arreglos pendientes de la nueva casa, no sin dejar de pensar en aquella carta, que jamás se atrevió a abrir. 20 años no daban chance alguna para poner luz sobre tanto desencuentro. La guerra había terminado, los hippies y sus protestas, de alguna manera también y allí estaba ella con un retazo del pasado entre sus manos. Un pasado de amor, concluyó. Una historia que se niega a ser olvidada y supera todas las dimensiones posibles y conocidas.
Lejos de asustarse, continuó con la búsqueda en registros de personas, iglesias, alcaldías y al fin de tanto empeño, la aciagota noticia algo sospechada: Alice Morgan, fallecida el 30 de diciembre de 1978, cuyos restos descansan en el cementerio de esa localidad. “Pudieron haberlo previsto” concluyó. “Posiblemente a nadie le importa sumergirse en las manifestaciones inexplicables, de seres que trascienden la vida con la fuerza de un amor indestructible” Susan lloró en medio de la dicha de su presente próspero y abundante.

Caminó a paso lento por entre las tumbas, muchas de ellas olvidadas, mohosas, grises…
Como un perro solitario, amoroso belfo en busca del encuentro tan deseado. Un rostro joven, sonriente, la esperaba como novia adolescente. Se arrodilló calma y releyó su nombre. Limpió con el dorso de la mano, aquella mirada inocente y depositó la carta a los

pies del mármol grabado.
“Misión cumplida”
Susan, hasta el día de hoy, no ha recibido una sola misiva de aquel soldado perdido para siempre entre el amor y el deber. Ellos se han reencontrado en el espacio fugaz que deja la muerte, cuando dos almas insisten en pedir ayuda.
Su casa es bella, eco de risas infantiles, una familia maravillosa y nunca se le hubiese cruzado por la mente, mentir para venderla, huir de ciertas realidades que demandan, simplemente un momento de tu generosa vida.

Rita Mercedes Chio
(Derechos reservados)

Tu perfume de mujer

Tu perfume de mujer
no sé cómo evitar el percibirlo
bueno
la verdad es que no quiero dejar de hacerlo
en mí lo llevo
para rendirme
a su rico femenino almibarado magnetismo
en el momento en que te recuerde
que es a veces nada más
es decir todo el tiempo solamente
lo tengo
navegando entre mis sentidos
como
navega
el aliento del león en el cuello de su presa
o sobre la piel del rio la sutil brisa

ésta impregnado tu perfume
en el paladar de mi imaginación
entonces
puedo con mi lengua saborearte y te voy a
degustar igual
pero distinto
será al tenerte
entre mis manos cara a cara gemido a gemido
desnudez a desnudez.
Que quiero
De beso en beso con desmedida prisa en calma
Llegar
Entre las olas rizadas de tu firmamento vertical
A tu perla de miel.


Qué quieres.

Gustavo. Desde Villa Montes-Bolivia.




Como una barca

Y como barca solitaria
me mueven las suaves olas
de tus aguas...
Cae la tarde,
y el sol se duerme
entre mis pestañas...

Y algo más que mi cuerpo...
Te anhela y extraña...
Será acaso como la barca,
que sintiéndose sola,
extraña altamar,
al pescador y su atarraya?




MARY RAMOS

(Venezuela) 

01 junio 2014

RELATO BREVE DE ULTRATUMBA:"La novia de las luciérnagas"


Se siente agradable la delicadeza con que, las manos de mi madre, desliza el blanco vestido de boda, desde mis pies hasta mi pequeño pecho. Revive cada volado en cada uno de sus pliegues, acaricia la seda con ademanes descendentes y suspira. No siento que ciña mi cintura como en algunos días anteriores, es más…el cierre relámpago emitió un breve sonido, como cuando abrimos un pequeño bolso de mano.
Demasiado silencio en este anochecer de enero, escasa luz en el interior del recinto y la única ventana de mi habitación, abierta de par en par al paisaje oscuro de la campiña. Allí a lo lejos, las primeras luciérnagas por arriba y por debajo de un rosado horizonte, labios de un día que acaban callando melodías cotidianas, sonidos de vida y aroma a jardines recién regados.
La lamparilla del techo, más amarilla que nunca, no deja lucir la blancura de las sedas, los encajes bordados, las perlas diminutas del rosario que acaban de poner entre mis dedos. Nadie parece feliz. Nadie entra a ver la novia en su momento más esperado. Desde una lejanía sórdida, el murmullo de cajas con fósforos, raspando la noche, buscando pabilos vírgenes, agigantan las sombras en las húmedas paredes y las hacen danzar entre humo y el olor penetrante de la cera. Han quitado el espejo…han quitado las viejas muñecas, la cajita de música y el caballo de madera donde cabalgaba la infancia. Se inclina mi madre y viste mis pies con una ternura desgarradora.
Ingresan dos señores de traje negro, serios, solemnes y hacen adustas señas para desalojar el espacio. Toman a mi madre por los hombros, ella se resiste, la trasladan hablándole al oído y veo su brazo extendido hacia mí, desapareciendo entre otros brazos, caricias extrañas, rostros amargos.
Las luciérnagas, ahora más brillantes que antes y la última mariposa de la noche, se acercan a ver como ocultan mi elegancia debajo de finas mortajas, flores silvestres, la luz ocre de los candelabros y el hedor inconfundible de los crisantemos ajados y sedientos sobre mis delgadas piernas. Tengo los ojos cerrados…El agua bendita moja mi frente, pasea por mis pestañas y cae hasta mi cuello, en forma de lágrimas. Sé que estoy bonita. Bonita para siempre…

Sabor y aroma

Hay un sabor a ti…
cuando pasan las horas,
entre nardos y helechos,
mientras vacío mi pecho,
siento el penetrante latir
de tus aires deshechos.

Hay un aroma a ti,
impregna sin excusas,
cada zona de olvido,
asfixia mis sentidos.

Ese sabor y aroma,
van enmelando, van aromatizando,
mis labios y todas mis sensaciones.
Es bello este sentir.

Este sabor a ti...
me enloquece y envuelve.
Inquietante agonía,
de mis noches y días.

Ese aroma es afrodisíaco fragor
de placeres gastados
impregnados de ti
cuando estas a mi lado.


Luz Rámiraz
Derechos reservados